12/09/2020
Cárceles
Siempre, no sé porque me ha interesado mucho el tema de la guerra del Vietnam.
Quizás influido por las películas que vi de joven, había muchas y, como siempre, los buenos eran: esos que ya sabemos. Por aquellos tiempos, viajaba solo.
Andaba por la India y junto a “viajeros” con los que te vas uniendo, decidimos dar un salto, largo salto, entonces, hasta Vietnam.
Habían pasado pocos años de terminado el conflicto entre Vietnam y EEUU y, pasamos un tiempo por esas tierras.
Se notaban las huellas de la reciente guerra devastadora y, se sentía el orgullo del pueblo vietnamita por la victoria.
Apenas comenzaba la década de los 80… tiempos revueltos.
A algunos de nosotros, incluido yo, se nos ocurrió la idea de cruzar la frontera hacia Camboya...
Allí estaba la imponente ANGKOR WAT y, queríamos visitarla.
¡Ilusos de nosotros!
Apenas había terminado el genocidio de los Jemeres rojos y de Pol Pot. Nos acercamos a una frontera desolada con la intención de cruzarla. Pero, “nuestros Ángeles guardianes” nos lo impidieron.
¡Menos mal!
Todo estaba destruido y era, extremadamente peligroso viajar por la zona. Vimos la tierra camboyana desde lo lejos y, nos quedamos con ganas de conocerla. Regresé a España.
Y hace, no sé si dos años, o tres- no tengo muy claro yo el concepto del tiempo en mi vida- tuve la oportunidad de volver a viajar por esas tierras.
Vietnam había cambiado hasta transformarse en uno de los tigres asiáticos.
En Ho Chi Minh (Saigon), visité, lo poco que quedaba en mi memoria del anterior viaje, esos bares donde se reunían los pocos americanos que se habían quedado colgados en el país, rodeados de droga y de música yanqui.
Eso era lo poco y único que quedaba, en el lugar y, en mi recuerdo. El resto eran, rascacielos gigantescos, millones de motos y la fuerza pujante de los vietnamitas.
Desde Vietnam, ahora sí, pude cruzar a Camboya y, por fin pude conocer la ciudad sagrada de Angkor Wat: ¡Majestuosa! Al regresar a Phnon Pen, recordé un lugar siniestro del que me habían hablado: La escuela S21. Y me acerque, junto al grupo que acompañaba a conocerlo. Nunca he sentido, salvo en los campos de concentración nazis, tanta desolación como allí. Lo llamaban: Toul Sleng. Y lo anunciaban como:
La visita más espeluznante de Camboya.
Toul Sleng era la antigua prisión y centro de tortura de los jemeres rojos en Phnom Pen, la capital camboyana, una visita imprescindible para aquellos que viajan no solo para coleccionar postales.
Las sensaciones no las voy a relatar ahora.
Solo sé, que en medio de todas las fotografías de los que iban a ejecutar minutos después, nos reunimos y rezamos una oración por las almas de aquellos pobres.
Fue un momento emocionante en medio de tanto horror.
No os voy a contar nada de esas sensaciones, porque, si queréis, lo podréis escuchar en el programa de esta noche.
Cárceles, lo llamamos, buen tema ahora que estamos en éste especial periodo.
Escucharlo si podéis.
A ver si aprendemos las lecciones de la historia antes de que se vuelvan a repetir.
Feliz semana.
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